"Migra, coyotes, paisanos y muertitos: sobre la analiticidad y el sentido de ciertos factores de la migración clandestina en la frontera norte".



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"Migra, coyotes, paisanos y muertitos:
sobre la analiticidad y el sentido de ciertos factores
de la migración clandestina en la frontera norte".

Por: Dr. Guillermo Alonso Meneses.

     La Border Patrol del sector de San Diego (hay 21 sectores en todos los EEUU) cubre 66 millas de las 2.000 que hay en la frontera U.S./México. Los arrestos en ese sector pasaron de 524.231 en el año fiscal (Fiscal Year, FY) 1995 a 96.869 en el FY de 1999. Con anterioridad, los inmigrantes ilegales apresados por la Migra en la zona de Chula Vista tuvieron 2 momentos históricos de crecimiento significativos: 1964 y 1972, donde se llegó a los 90.000 apresamientos anuales (Dagodag, 1975: 500-501). En el FY 1974 fueron apresados por Chula Vista 203.786 illegal aliens de los que 198.665 eran mexicanos (97.5 %) y 5.121 de otros países (Villalpando, 1976: 86). Asimismo, el presupuesto de la Border Patrol de San Diego pasó de 374.000.000 de dólares en el FY 1994 a 952.000.000 en el FY 1999 y 2.150 agentes, cuando la unidad Anti-Smuggling de San Diego para el FY 1974 dispuso de 413.563 dólares y 16 agentes (ibíd.: 140).

     Otra unidad de análisis son los Coyotes, un actor social que cobra protagonismo en 1964 al acabar el Bracero Program (G. López, 1998)6. Utilizo aquí este término un nahualismo para referirme indistintamente a polleros, guías de indocumentados o enganchadores. No obstante, hoy en día puede distinguirse en ciertos casos entre coyotes, polleros y enganchadores; y cada una de estas categorías pueden dividirse a su vez en distintas subcategorías. Forma parte de una estrategia para evitar ser acusado de violación del artículo 138 de la vigente Ley General de Población mexicana, que aplica penas de cárcel a los "traficantes de personas". Por eso hay coyotes que le cobran al migrante y a su vez contratan a un pollero para que haga de guía en el cruce. Pero por razones de espacio debo generalizar. Sea como fuere, coyote es una palabra muy usada en muchos estados de México y alude a relaciones sociales asimétricas.

     El coyote, en la Huasteca hidalguense, región indígena náhuatl, puede ser un intermediario (indígena o no) o los mexicanos blancos (en el sentido de fenotipo "europeo") o güeros (que sería una "blancura de pie social" más que fenotípica): por lo general sinónimo de poder económico y político, pero también de explotación y abuso. En consecuencia, (al menos en la Huasteca náhuatl) al animal lo denominan "cuacoyotl" o "chichicoyotl" (lobo), porque el coyote (coyotl o coyome en plural) es una persona/actor social del que, en su vertiente negativa, hay que desconfiar, o, incluso, al que hay que despreciar. Evidentemente, este concepto operativizado como categoría descriptiva supone una valorización negativa, como la de traficante de migrantes o "migrant smugglers". Un sinónimo en la frontera fue y es el de pollero (porque al internarse clandestinamente por los senderos, rumbo a los "esteits", los migrantes o pollos avanzan en fila india detrás del guía)7. Pero, si el pueblo mexicano (la vox populi) también los llama espontáneamente coyotes, es un dato significativo de cómo perciben la relación con algunos guías transfronterizos; verdaderos intermediarios, acaso incómodos, aunque necesarios.

     Ahora bien, cuando la Border Patrol o el INS hablan en EEUU de coyotes, le están dando a esa palabra un sentido y unos significados muy diferentes a cuando los migrantes en México hablan de coyotes. Es más, no siempre se utilizó la palabra coyote. Así, el operativo conjunto entre policías de los EEUU y México durante el fin de semana del "labor day" de 1975 dirigido contra el tráfico de migrantes se denominó "operación pollero" (cf. Villalpando, 1976: 137). A mi modo de ver, la palabra coyote en el lenguaje del INS forma parte de la "batalla del lenguaje" o guerra propagandística, paralela a los operativos; así remarcan el lado negativo de la actividad.

     La historia documenta casos de coyotes que se desempeñan como profesionales eficaces, ya cuando se cumple con la tarea de trasladar al otro lado, ya cuando se complica el traslado y regresan a México evitando percances mayores. Por ésto, el antropólogo Víctor Clark Alfaro (director del Centro Binacional de Derechos Humanos de Tijuana) declaró recientemente que los coyotes honestos "cumplen una verdadera función social"8. Pero, igualmente, existen referencias de coyotes o polleros (el pollero en el Río Grande, en la frontera con Texas, se llama patero por las aguas del río) que, o bien estafan al migrante desde antes de cruzar la frontera, o bien ya en EEUU; habiendo cobrado o no. Otras veces están compinchados con "bajadores" o "asaltapollos" (delincuentes especializados en atracar, maltratar e incluso violar a migrantes).

     Ésto habla de un actor social heterogéneo e inestable, pues no se puede saber si el coyote es de fiar o no, a no ser que se le conozca. Asimismo, y esto ya lo han indicado otros autores (López, 1998), los coyotes pueden residir en localidades mexicanas de la frontera, en localidades de los EEUU o en localidades del interior de México. Hay migrantes que, por conocer las formas y rutas de pasar al otro lado, eventualmente guían y pasan a sus acompañates; otros guías se precian de llevar lustros en el oficio. Hay guías que pertenecen a redes altamente organizadas que cuentan con casas de apoyo a uno y otro lado de la frontera, vehículos para desplazarse en México y en los EEUU, miembros que se ocupan de sacar boletos de avión en EEUU y llevar al migrante al aeropuerto para que embarque rumbo a su destino definitivo. Y, por supuesto, delincuentes o narcoadictos en busca de dinero fácil que se hacen pasar por guías experimentados. Este tipo de coyotes, junto con otro actor social que he excluido del análisis, los "bajadores" o "asaltapollos" es problemático por la peligrosidad que entraña acercarse a ellos.

     Esto confirma el negocio que algunos denominan Coyote Inc. Que no es nuevo, porque Villalpando (1976: 138) ya dijo que las actividades de los "illegal alien smugglers" en la frontera Tijuana/San Diego comenzaba a ser un negocio muy lucrativo y grande que movía unos 10 millones de dólares anuales (ibíd.: 139)9. Desde una perspectiva global, el coyote es una pieza básica del sistema de tráfico de indocumentados, dentro del proceso de las migraciones internacionales clandestinas. Por lo general, se puede usar de una manera puntual (cruzar la frontera hasta llegar a un lugar seguro), o para un proceso más largo y caro dentro del engranaje de organizaciones con ramificaciones internacionales. Salt & Stein (1997) ofrecen un modelo para conceptualizar la migración como negocio internacional, sólo que se echa en falta la referencia a la frontera norte de México, porque gira en torno a Europa. En síntesis plantean:
Trafficking system involves planning of smuggling operations, information-gathering, finance and a set of specific technical and operational tasks (…) The trafficking process is divided into three consecutive stages: The process of mobilization by which migrants are recruited in origin countries; the requirement en route as migrants are transported from origin to destination countries; and the processes by which migrants are inserted and integrated into destination countries (Ibíd.: 477).

     El último actor social que analizo se escinde en 2: los migrantes que sobreviven al cruce de la frontera de forma clandestina y los que mueren. Los migrantes forman un grupo muy heterogéneo que los unifica la necesidad de cruzar clandestinamente a EEUU. Un proceso donde intervienen distintos factores, uno de ellos el capital social (Singer & Massey, 1998). Actualmente sólo puede hacerse por lugares peligrosos y corriendo riesgos10. Una alternativa sin riesgo para la integridad física, usada especialmente por mujeres y menores, aunque también por hombres, consiste en utilizar "papeles" o micas falsos, previo alquiler, compra o préstamo. Otra es oculto en la cajuela de un automóvil, pero si el conductor huye se corre el riesgo de morir asfixiado.

     Ahora bien, las víctimas mortales deben ser un actor social diferenciado de los migrantes que sobreviven al cruce (una necesidad analítica fundamental), porque las acciones que distintas ONG's realizan para mantener viva su memoria en Oceanside, San Diego, San Ysidro, Tijuana, Tecate, Mexicali, los mantiene "vivos" como actores sociales. Pero, ¿por qué llamarlos muertitos"? La razón es la siguiente. Un padre y su hijo paseaban una tarde junto a la barda que separa a los EEUU de México en la playa. Al llegar frente a los carteles instalados por ONG's que reproducían los nombres, edades y estados de procedencia de centenares de migrantes muertos, el niño preguntó con curiosidad quiénes eran aquéllos cuyos nombres estaban allí. La respuesta fue: "son muertitos". En otra ocasión, un migrante que logró regresar a México tras andar durante días al borde de la muerte por los cerros de la Rumorosa, le relató a un periodista lo sucedido. Su grupo fue localizado por la Migra y se dispersaron para no ser detenidos. Este percance, bastante común, hizo que se extraviara. Contó que antes de ser descubiertos, encontraron a un "muertito" (sic) que debió ser abandonado por algún grupo que los precedió días antes.

     En síntesis, lo expuesto hasta aquí es una breve conceptualización del fenómeno que quiero analizar. Digamos que es la estructura conceptual básica articulada en torno a un marco categorial, desde la perspectiva analítica de los principales (f)actores sociales que intervienen. Pero no hay que olvidar que la frontera es un concepto fundamental del análisis, como demarcación político-territorial y cultural de gran envergadura (Kearney, 1999). Las interacciones de los actores sociales están influidas por la realidad fronteriza, tanto como factor infraestructural (material) como superestructural (simbólico-ideológico). La geografía peligrosa de la región, las bardas y la Migra son los principales obstáculos físico-policiacos. Pero también existen obstáculos de carácter simbólico-ideológico-jurídico: temor a ser asaltado, capturado, engañado a no lograr cruzar. Esta multidimensionalidad la podemos expresar mejor parafraseando a Berger y Luckmann: La frontera es un producto humano. La frontera es una realidad objetiva. La migra, los coyotes y los muertitos son un producto social de la frontera. Todo análisis sociocultural debe tener en cuenta estos principios analíticos, que la realidad fronteriza es un producto social, humano y objetivo con sus formas, funciones, usos y significados, producidos fundamentalmente por la interacción de las sociedades estadounidense y mexicana.

     La analiticidad de los factores de la migración clandestina dependen, en gran medida, de la conceptualización que hagamos. Paralelamente, la analiticidad de los conceptos dependerá, así mismo, de la capacidad que tengan para describir y categorizar los componentes básicos de los factores a analizar. Cualquier realidad o fenómeno debe ser conceptualizado rigurosamente; de lo contrario su analiticidad será problemática o, llegado el caso, imposible. Ésto exige que alimentemos los conceptos con toda la nueva información que vayamos recabando en nuestra investigación. Un proceso dialéctico, de constante retroalimentación, entre la realidad y el concepto que da cuenta de ella. Sin embargo, la analiticidad de los fenómenos/realidades culturales es más compleja, si cabe, por la dimensión simbólica. Ésta obliga a manejar factores que hablan del significado y del sentido del comportamiento humano. Una información que suele estar presente, pero no de manera obvia, y cuya analiticidad (posibilidad de ser analizada) depende de que sepamos anudar y desanudar datos que se muestran fugaz y densamente, metafórica y ambiguamente, elusiva y contradictoriamente…. en el abismo de los símbolos.

     Y es que la antropología sociocultural, cuando se practica libremente, es "el arte de danzar sobre el abismo", tal como señaló Octavio Paz. Tal vez porque, como dijo Johan Huizinga, entre la existencia objetiva y su comprensión hay un abismo. Sólo cuando hayamos evaluado la posibilidad de análisis de lo que sobrevuela ese abismo, podremos acometer su conceptualización e interpretación. Ésto es, darle cuerpo y sentido. O, dicho de otra manera, configurar con palabras la realidad, incluyendo a la palabra figurada. "El concepto capsulado en palabras tiene que ser siempre inadecuado a la fluencia de la corriente vital. La palabra figurada cubre las cosas con la expresión y las trasparenta con los rayos del concepto" (Huizinga, 1987: 159).

     Espero que no queden dudas de que la antropología trata del universo simbólico en el que vive el ser humano. Y que, las más de las veces, entre nuestra humana necesidad de comprensión y el comportamiento humano que queremos comprender, se abre un abismo.


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February 16, 2015